lunes, 5 de noviembre de 2012

Sobre Leonardo Favio Q.E.P.D.

Extracto de una entrevista realizada en tordo a su película "El Romance del Aniceto y la Francsica..." (De vez en cuando pienso en estas respuestas)


-En El romance... , cuando la Francisca se va de la pieza, tampoco hay muchas palabras. Sólo dice chau. ¿Esa es la mejor manera de terminar una relación?
- El amor, cuando uno lo habla mucho en el acercamiento, la despedida o la permanencia, es porque ya no hay nada para decirse. Pienso que el amor es. El amor es un designio de Dios, es una picardía de Dios para mantenernos, para que procreemos. El sapito, el mosquito, todos los seres sienten pasión. Nosotros elaboramos más. Esos que hacen análisis de pareja, o se acuestan y hablan sobre el amor, no va. En cuanto empezás a hablar mucho, es que no hay mucho espacio para mirarse, para olerse en silencio. El amor es pasión, es fuego, o es quedarse abrazados, quietos, en silencio. No hay mucho que hablar. Y cuando hablás, hablás de otras cosas. Podés hablar de un poema, de una película, de una tragedia, del cosmos, de las estrellas. Pero cuando vos tenés que explicar mucho que querés a alguien, o ese alguien te tiene que explicar mucho que te quiere, o cómo quererse, o cómo no quererse, es algo que no va. Eso nació podrido. Después terminan en el psicoanalista. ¿Qué les va a poder decir el psicoanalista que ellos ya no sepan y a lo que no se quieran resignar?

-El Aniceto a la Francisca le dice “santita mía” y a la Lucía le dice “putita”. ¿Cómo son esos dos tipos de relaciones en la vida de un hombre?
- La Francisca es como una madraza, una resignada, es la imagen de la pureza, es una santita. El otro es un amor más violento. Es un amor de patadas, de puteadas, esos amores que te desgarran?
-¿Podría decirse que las dos, aunque diferentes, son pasiones para el Aniceto?
- Sí, las dos son pasiones distintas.

-¿Vos conociste a esos dos tipos de pasiones?
- No... No. Mis pasiones siempre fueron tipo Lucía. Nunca un remanso. Siempre fue todo envuelto en vértigo. Para mí todo fue a los alaridos como en Nazareno... Siempre con quilombo.

-La Francisca es la paz...
- Que por ahí venga. Nunca es tarde. De lo otro ya estoy un poco cansado.

-Mientras uno sea feliz, todo sirve...
- Pero yo no sabría decirte si eso es felicidad o dolor. Yo no te puedo decir que haya sido feliz. Yo vibré. Pero no sé si a todo ese vértigo se lo puede llamar felicidad.